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"Los radicales de
izquierda que no creen en las petroleras, las mineras, el mercado y
las transnacionales que se vayan…."
Esta
declaración fue dada por el presidente Rafael Correa en su
última cadena radial del sábado 7 de junio. No quiero
dar una opinión acerca de esta declaración solo deseo
hacer algunas preguntas para dejarlas correr y que encuentren
respuesta en los lectores de este pequeño texto y de pronto
también dejar correr ideas.
¿Desde
cuándo y porqué la izquierda está fragmentada,
digamos dividida entre la izquierda moderada o nueva
izquierda y la izquierda radical?, qué
es lo que el presidente está entendiendo por radicalidad? Cuál
es la frontera, el límite, qué separa estas dos
izquierdas y que justifica usar el adjetivo de radical en oposición
a moderado? Yo entendía que la izquierda es radical o no es
izquierda, así muchos grupos políticos no radicales se
hayan atribuido la nominación de ser de izquierda, sabíamos
que eso era la socialdemocracia? En fin… las cosas parecen cambiar
dependiendo quien tiene el poder de la palabra.
Según
entiendo para el Presidente Correa lo que define la radicalidad de la
izquierda en este país es su oposición a un modelo
productivo extractivo (petrolero o minero), al mercado y a las
transnacionales. Antes de seguir con estas preguntas, aclaremos que,
si mal no entiendo, el mensaje del presidente acusa, juzga y condena
a eso que él ha nominado la izquierda radical, con
lo cual marca de forma definitiva la diferencia entre su ser político
de “izquierda moderada” y su proyecto político de
“izquierda moderada” con el ser político de izquierda
radical y el proyecto político de la izquierda radical. Hecha
ésta necesaria aclaración sería bueno
preguntarse cuándo y dónde se forjó esa
izquierda que proclama una revolución sobre la base de
mantener un proyecto productivo extractivo y depredador de la
naturaleza, de aceptar la economía de mercado y sobre todo, y
sobre todo, que defienda la presencia de transnacionales en el país?
Tampoco
es fácil entender las contradicciones claramente visibles en
el discurso que el presidente ha pronunciado desde la época de
su campaña electoral. Es un gobierno que se ha declarado
antineoliberal y yo suponía que una de las principales luchas
en contra del neoliberalismo era aquella que se ha llevado adelante
en contra del modelo extractivo. La lucha antineoliberal en todo el
mundo ha combatido la presencia de las transnacionales no solo en las
economía nacionales de los países pobres, sino su
presencia en todo el planeta; hemos sido testigos del daño que
la presencia de estas corporaciones han hecho en los países
pobres e incluso en los países ricos: pobreza, hambre,
exclusión y expulsión social, o acaso hay
transnacionales buenas y transnacionales malas? transnacionales con
rostro humano y otras inhumanas? Y el asunto es saber escoger bien a
cuales les permitimos entrar en nuestro país?
Entonces,
de lo que entiendo la izquierda moderada, a la que el presidente
representa, acepta la extracción de recursos naturales como el
petróleo y los minerales, eso si
de “manera limpia”, es
una izquierda ecológica…. Como
ecológicos
son los consorcios transnacionales de agrocombustibles, al fin y al
cabo no quieren contaminar el aire con combustibles tóxicos, o
las empresas que compran servicios ambientales en un afán
ecológico de cuidar el aire. De manera limpia o no, hay que
preguntarse quien tiene la tecnología para la explotación
de minerales y petróleo? El Estado o las transnacionales?
O quizás
se espera la presencia de las transnacionales ¿buenas? Quizá
por eso no se piensa, por ejemplo, terminar las concesiones de agua
hechas a Inter-Agua en Guayaquil, o quizás por eso se
renegoció con PORTA, quizás son transnacionales con
rostro humano propias de un capitalismo con rostro humano…?
Con
esto me pregunto: esta izquierda moderada que acusa, juzga y condena
a la izquierda radical, por ser extremista, por pedir lo imposible,
por querer otro mundo, por exigir que se vayan dando los pasos
necesarios para una transformación real, ¿tiene la
potestad de acusar a la izquierda radical de neoliberal, de ser
parte de una estrategia de la Central de Inteligencia Americana, de
ser conspiradora y desestabilizadora del orden social? Es curioso que
movimiento sociales, grupos sociales e individuos que toda su vida
han estado bregando por la transformación social, que incluso
han sido perseguidos, torturados y asesinados, solo por querer un
mundo distinto, ahora sean acusados de atentar en contra de la
revolución. Resulta por decir lo menos irónico…
No se
ha puesto a pensar señor presidente que de pronto ser
radical no es ser estúpido, no es ser neoliberal, menos aún conspirador
de la CIA, es quizá querer que los cambio
realmente sean de raíz, que una revolución no sea una
caricatura de revolución, no sea una simulación de
revolución, sino que sea una revolución. Aunque usted
no lo crea señor presidente la izquierda radical, como usted
la define, y créame no es un insulto más bien un
halago, no es imbécil, nunca ha pedido que por obra y gracia
de una varita mágica se dé la transformación,
pero si exige que el objetivo de la revolución sea el
anticapitalismo, que el objetivo de la revolución sea
trascender esta totalidad capitalista. Es obvio que la revolución
es un proceso harto complicado, difícil y largo, porque
enfrentamos intereses demasiado poderosos, pero si el deseo de Otro
Mundo, realmente otro es grande y si sabemos juntarnos en un proyecto
de transformación real todos los sectores que nada tenemos que
perder en este mundo y todo por ganar en otro, créame que la
cosa se hace más fácil, pasito a pasito y con la
paciencia andino-indígena que culturalmente nos caracteriza.
Por
último, sería bueno saber, señor presidente a
donde quiere que se vayan esos que según dice son radicales,
esos que no quieren explotar la naturaleza, esos que no quieren
transnacionales que succionen la riqueza del país, esos que
quisieran vivir en una sociedad solidaria, equitativa, recíproca
y no en una sociedad de mercado donde el valor supremo es el dinero y
la competencia? A dónde nos vamos a ir si esta es nuestra
tierra, aquí nacimos, aquí vivimos, aquí amamos,
aquí luchamos, aquí sufrimos, aquí están
enterrados nuestro muertos, todos nuestros antepasados, este es
nuestro lugar; y créame que no somos neoliberales, no somos de
derecha, no somos agentes, quizás muy locos, si, y créame
no queremos boicotear la revolución, pero esa revolución
suya es como dice el filósofo esloveno “una revolución
sin revolución, es algo así como tomar café
descafeinado”, pero al fin eso quizás se justifica por
salud. Aún hay tiempo señor presidente para que deje de
ser un moderado de izquierda y se haga un radical, seguro que el
pueblo todo lo apoyará. Un radical que pongan con todo el
pueblo las bases sobre las que se levantará en el futuro el
Otro mundo.
Natalia
Sierra
SURgente
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