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COLOMBIA : Biodiésel se mezcla con guerra
http://www.ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=39535
Por Helda Martínez
BOGOTÁ,
dic (IPS) - El gobierno colombiano aprieta el acelerador de la
generación de biocombustibles, en una mezcla inestable de auge de
energías limpias, avance de monocultivos y despojo de tierras de
minorías protegidas, práctica habitual en el conflicto armado de este
país.
La
producción de combustibles a partir de ciertos cultivos, una
alternativa de energía limpia que atrae cada día más interés mundial,
en Colombia está teñida por la guerra de más de cuatro décadas y por
denuncias de violaciones a los derechos humanos y al ambiente.
En
2008, este país producirá 645.000 toneladas anuales de biodiésel
extraído de la palma aceitera, como resultado de ocho megaproyectos,
cuatro de ellos ya en ejecución y el resto en carpeta, según la
Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite (Fedepalma).
La
producción de biodiésel se sumará a la de etanol, alcohol carburante
extraído de la caña de azúcar, que en Colombia se utiliza desde 2005,
con cinco plantas en funcionamiento y una producción mensual de 25
millones de litros que surten al suroccidente del país y a Bogotá,
confirmó a IPS el ingeniero Johan Martínez, de la Asociación de
Cultivadores de Caña de Azúcar.
El
etanol, cuya combustión emite menos gases nocivos que los derivados del
petróleo, ya se utiliza mezclado con la gasolina en una proporción de
10 por ciento, con una perspectiva de llegar a 25 por ciento en un
plazo de 20 años.
De
manera simultánea, se adelantan proyectos para extraer etanol de otros
vegetales, yuca, papa y remolacha, cuyo cultivo masivo se realizará en
zonas alejadas de selvas y bosques, y por tanto no los pondrán en
riesgo, afirma el Ministerio de Agricultura.
Mientras, la extensión de plantaciones de palma aceitera es
acompañada de críticas crecientes dentro y fuera del país.
En
Colombia hay 285.000 hectáreas de cultivos de palma africana, principal
cultivo destinado a producción de biocombustibles, afirma Fedepalma.
Al
iniciar su segundo mandato consecutivo, en agosto de este año, el
presidente Álvaro Uribe anunció su propósito de alcanzar en los
próximos cuatro años un millón de hectáreas de palma, cuya expansión se
ha sostenido desde mediados de los años 60.
En 2003 había 118.000 hectáreas del monocultivo. Tres años
después, la superficie es más del doble.
La
palma se concentra especialmente en inmediaciones de la costa norte y
Caribe del país, en los departamentos del Magdalena y Sucre, en la
costa del océano Pacífico, departamento del Chocó --el de mayor
biodiversidad del país, según el Ministerio de Medio Ambiente-- y en
los Llanos del centro-oriente.
"La
región de los Llanos es la que más nos preocupa en este momento, pues
no tenemos información clara y precisa ", dijo a IPS el investigador
Darío Mejía, de la Organización Nacional de Indígenas de Colombia
(ONIC).
"En
silencio se ha iniciado la compra de grandes extensiones de tierra, han
llegado hasta comunidades indígenas, distantes entre ellas, sin
posibilidades de comunicación e información, a las que las compañías
extranjeras visitan, cuentan maravillas y les hacen firmar documentos
sin que ellos conozcan la realidad de los hechos", aseveró.
"Las
historias de las plantaciones son dolorosas. Están manchadas de sangre
y lágrimas de las comunidades negras y campesinas", afirma en el sitio
web de la organización no gubernamental Censat - Agua Viva, su
directora, Tatiana Roa.
"Es
la historia de los bosques desaparecidos para transformarse en
plantación. Es la historia de las culturas ancestrales transformadas en
proletariados palmícolas. Son esas voces las que reclaman detener la
destrucción que proponen los defensores del biodiésel", agrega.
En
opinión de Mejía, las consecuencias de los monocultivos en general, y
de la palma aceitera en particular, son de orden político y cultural.
"Este
tipo de megaproyectos aumenta la concentración de la tierra en pocas
manos y favorece la continuidad de despojo territorial que han sufrido
las comunidades indígenas durante todas las épocas a partir de la
llamada conquista española", estimó.
Además,
"modifican las costumbres de variedad de cultivos que aportan y
aseguran producción de alimentos y que favorecen la riqueza natural de
la tierra, contrario a las consecuencias de los monocultivos", sostuvo.
"Si
bien la situación de Chocó es triste e indignante, por lo menos (sus
habitantes) ya conocen lo que está pasando, e incluso se han formulado
denuncias públicas por parte del Ministerio de Agricultura y el
Ministerio Público", sostuvo Mejía.
La
gravedad de esas denuncias llevó al Ministerio de Agricultura a crear
en abril una unidad de investigación, según la cual "por lo menos
25.000 hectáreas aptas para el cultivo de palma de aceite, (que habían
sido) adjudicadas por el Estado a comunidades negras, fueron adquiridas
por particulares a través de títulos ilegítimos".
Esa
unidad detectó adquisiciones ilegales en localidades con inmensas
riquezas naturales, marcadas en las últimas dos décadas por
desplazamiento y muerte, como Jiguamiandó y Curvaradó, en los
municipios de Carmen del Darién y Belén de Bajirá, en el noroccidental
Chocó.
Según
la Ley Segunda de 1959, la Cuenca del Pacífico es una reserva forestal.
Además, la Constitución de 1991 ordenó expedir una norma de
reconocimiento de derechos de las comunidades negras sobre tierras
ancestrales, y la legislación 70 de 1993 estableció las "tierras
comunales de los grupos étnicos" de esa zona.
En
2000, las resoluciones gubernamentales 2801 y 2809 adjudicaron a las
comunidades negras terrenos baldíos en Curvaradó y Jiguamiandó, en los
que hoy operan empresas dedicadas a cultivos agroindustriales.
La
situación originó una solicitud a la Comisión Interamericana de
Derechos Humanos (CIDH) para la protección de esos derechos de las
comunidades.
En
marzo de 2003, la CIDH accedió a la petición, y en febrero de este año
instó al Estado colombiano a proteger a las comunidades desplazadas del
Urabá chocoano.
La
zona está conformada por 105.000 hectáreas, y sobre 33.000 de ellas se
dirime el conflicto entre las comunidades negras, empresas privadas, el
Estado y milicias paramilitares ilegales, según el informe del
Ministerio de Agricultura.
Pese
a las constataciones de esa cartera, la ampliación de cultivos de palma
aceitera es fomentada por el proyecto de Ley de Desarrollo Rural o Ley
de Tierras, presentado por el Poder Ejecutivo y aprobado en octubre por
la Comisión Quinta del Senado. La Cámara de Representantes podría
tratarlo en el primer trimestre de 2007.
Acerca
de las adquisiciones ilegítimas de tierras, el procurador general
Edgardo Maya dijo al semanario El Espectador que son prácticas "ajenas
a los derechos de los pueblos indígenas y afrocolombianos y, por el
contrario, pueden contribuir a legalizar y legitimar conductas
contrarias a sus derechos territoriales, en varios casos con
participación activa de grupos armados al margen de la ley".
IPS
procuró con insistencia conocer la opinión de los cultivadores e
industriales agrupados en Fedepalma acerca de las denuncias, pero la
única respuesta que obtuvo fue el envío de información sobre los
beneficios sociales y económicos de la producción de biodiésel que, por
otra parte, pueden ser consultados en el sitio web de la entidad.
(FIN/2006)
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