PAGINA 12 - Argentina
OPINION
Unos metros cúbicos de política
Por Mario Wainfeld
Repartir lo que no alcanza es todo
un dilema. Con esa dura verdad como contexto, en el primer nivel del
gobierno argentino se expresó satisfacción por el saldo de la
minicumbre gasífera de ayer en Olivos. “Nos vino bárbaro. Politizar la
cuestión, ponerla en órbita de los gobiernos es lo que quería
Cristina”, salda uno de los ministros comprometido en las tratativas.
Conformes dentro de lo posible, vale interlinear.
El cuadro
de situación mete vértigo. Los tres países concernidos (Argentina,
Bolivia y Brasil) crecen mucho, también en consumo energético. La
mayoría de los habitantes del Altiplano sigue sin tener gas
domiciliario, pero el consumo general se duplicó desde 2004. Las
voluntaristas proyecciones sobre la producción de ese país toparon con
bretes surtidos: la crisis política, la feroz oposición, la condición
novata del MAS en gestión, por enumerar apenas algunas causas. Aquí y
ahora Bolivia no puede honrar las promesas plasmadas con Argentina hace
un par de años. Comparada con Brasil, Argentina es un pequeño
importador desde Bolivia: su ambición era una remesa diaria de 7,7
millones de metros cúbicos, hoy pasa menos de la mitad.
“Es
la espuma del café”, metaforiza un funcionario avezado en el tema
“nuestro consumo máximo de 140 millones de metros cúbicos-día”. Se
trata de una expresión coloquial: no es pura espuma, por dos razones.
La primera es que el Gobierno está jugado a juntar energía de distintas
canastas porque la demanda siempre frisa el máximo disponible, o sea
que nada sobra. La segunda, que la espuma se deriva en buena medida a
países limítrofes. Uruguay, Chile (relación que ya produjo
chisporroteos que el Gobierno quiere minimizar), Paraguay. Y, aunque
parezca un invento, Bolivia, que compra garrafas.
Pero
lo esencial, que los funcionarios no dirán ante el micrófono, es que su
primera preocupación es el volumen, mucho más que los precios. El
volumen que no sacia una demanda siempre creciente, que remata en
producción, crecimiento, empleo... y en algún eslabón de la cadena en
votos. Una secuencia que describe la sustentabilidad política y que
también obsesiona a Evo y a Lula.
Politizar: El
titular de Petrobras, José Gabrielli, había puesto un límite pesado: ni
una molécula adicional de gas para la Argentina. “Petrobras es un
fierro, una gigantesca empresa, un jugador de verdad, no es igual a
Enarsa”, discierne con sensata sorna un propulsor de Enarsa.
Gabrielli
–coinciden testigos argentinos– tuvo un rol protagónico en el diálogo
en Olivos. “Lula le cedía la palabra muy a menudo, le daba la derecha
en todos los temas técnicos.” Petrobras, una empresa de gestualidad
imperial que colisionó de frente con el gobierno de Morales, no es un
interlocutor manirroto. La Comisión (ejem) trilateral le dará a la
relación un sesgo distinto, creen a la vera de Cristina Fernández. Esa
presencia estatal que tiene en la cima a presidentes aliados –aspiran–
no inventará gas ni lo traerá de regalo, pero podrá funcionar en
momentos de urgencia. Si hay una semana de frío intenso –suponen– Lula
(que maneja baremos extraeconómicos) arbitrará para que haya una
excepción a la regla de Gabrielli.
En
tanto, se conformará un grupo político que discurrirá sobre
exploración, producción oferta y demanda. Aunque a regañadientes, en el
Gobierno aceptan pecar de optimistas en los albores del mandato de Evo,
aunque perseveran en su mirada entusiasta. La producción de gas se
centra en territorios ajenos a los rebeldes secesionistas, en estos
años se han encontrado nuevos yacimientos. Argentina, que paga mejor
que Brasil, podría primar en la asignación ulterior.
Porque ya se contó, el precio se paga porque...
...lo importante es el volumen:
“Necesitamos un flujo de Bolivia y una mano si hay contingencias, sobre
todo en los 25 o 30 días de temperaturas frías extremas”, maquinan en
Infraestructura. De Vido está habituado a mover los recursos existentes
como quien juega al TEG. Este año incorporará barcazas con gas, un
recurso que empinados gerenciadores privados menosprecian y motejan
como “africanización”, sin que al Gobierno se le mueva un pelo.
Tampoco
pesa el precio del producto, la tesis oficial es que mientras crezcan
el PBI y las reservas, las discusiones (en el ágora, que es donde
cuenta) se saldarán a favor. El crecimiento convalida la mayor
inversión, hasta la necesaria para zafar en la coyuntura, tal es la
matriz real del pensamiento oficial.
La
ecuación para negociar a futuro es compleja, los estados (presentes en
la comisión creada ayer) son solo una parte. Gigantescas empresas
completan el elenco. En la Rosada infieren que, después de ayer,
disponen de más barajas para negociar con ellas. Alegan que los
operadores de Bolivia (Repsol, Petrobras y Tottal por ejemplo) también
actúan en Argentina, lo que aumenta la posibilidad de persuadirlos.
“Vamos a incorporar mil megawatts, estamos
invirtiendo un millón de dólares por día en Atucha II (central nuclear
de 750 MV,rq), la inauguraremos para el Bicentenario.” Un año
antes de las presidenciales, razona este diario, falta mucho.
Keynesiano,
se obstina por mirar el corto plazo. “¿Y si falta gas en invierno?”,
inquiere. “Seguiremos con el plan ‘Energía total’, reemplazar gas por
combustible líquido y subsidiar a las empresas.” Se da por hecho que
firmarán al pie y que las consecuencias ulteriores volverán los dineros
al fisco. Siempre funcionó, carburan y creen que todo verdor perdurará.
Que llueva:
El Gobierno, sin verbalizarlo, pone patas arribas una vieja consigna:
está persuadido de que lo caro sale barato. O, por contarlo con más
extensión y delicadeza, que vale la pena el gasto mientras funcione el
circuito: producción, consumo, exportaciones, cosecha de la AFIP y siga
la noria.
El Gobierno vive al día, no sin sobresaltos. Todo
modo, le va mejor que a sus contradictores. Le profetizaron colapsos
energéticos que (por lo menos hasta el cierre de esta nota) no
llegaron. Tampoco fueron certeros cuando zarandearon que la inversión
en combustibles sustitutos y los pagos excesivos a Bolivia se comerían
las reservas, tanto como la prodigalidad electoral. Con debates y
elecciones ganados, el Gobierno ni sueña con la autocrítica, ese arte
tan ajeno a sus premisas.
La
carrera de la producción sigue creciendo, a la par con el consumo de
los particulares. La historia, entonces, no tocó a su final, feliz o de
catástrofe. Se sustancia día a día, juntando energía de a puchos,
inventando fuentes alternativas, comprando. Ayer el Gobierno cargó unos
metros cúbicos de política. Su real cuántum se discernirá según pasen
los meses.
Diz que en el mediano plazo habrá más holgura,
diz que incluso existirá en contados meses. En el ínterin todo suma,
incluso mirar al cielo. El Chocón está casi sin líquido, mala fortuna. Pero
–la naturaleza es piadosa– en Brasil cayó mucha agua. Buen dato, porque
la matriz energética de allí es preferentemente hidráulica, a
diferencia de la Argentina. Si el agua da y (dado que Lula banca)
podrán ceder algo en el gas o de electricidad si es que pinta.
Tal vez el refrán “siempre que llovió paró” reconozca una excepción
bajo climas tropicales.
En
esa conjunción de decisionismo, gestión de lo escaso, apuesta tenaz al
crecimiento sin techo transcurrió el mandato de Néstor Kirchner. En el
camino trabó lazos con algunos aliados. En ellos confía, en parte, para
seguir en su pulsión por el día a día.
¿Y el largo plazo? Siempre es una materia opcional para los
neokeynesianos.
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